Hace unos días visité por primera
vez la faraónica obra del Hospital Universitario Lucus Augusti (HULA) en Lugo.
Al entrar en el aparcamiento se me vinieron a la cabeza recuerdos infantiles
disfrutando del famoso helado Twister. La claustrofóbica espiral por la que el
coche descendía pasando a centímetros de la pared se semejaba al recorrido que
mi lengua hacía alrededor del escurridizo helado. Después de descender varios
metros por fin llegamos al primer piso del párking pero el acceso por ese lado
está prohibido. De nuevo sumergirse en otro mareante descenso hasta la
siguiente planta. La primera sugerencia que se me ocurre es poner unas bolsas a
la entrada del aparcamiento para aquella gente propensa a marearse.
Aparcamos y subimos en el
ascensor a la primera planta. Por cierto, Dios quiera que en el ascensor no
tenga que ir una camilla y más de dos médicos porque dudo que quepan. Entonces
se abre la puerta del ascensor y el esplendor inunda mis ojos, mi mente. Un
enorme hall (y cuando digo enorme, imaginároslo aún más grande) como bienvenida
al nuevo y moderno hospital lucense. Suntuosos techos que compiten en altura
con los de cualquier centro comercial y espacios que ofrecen un espectacular
sentimiento de grandiosidad, apacibilidad, sosiego... Por un momento llegas a
olvidarte que estás en un hospital.
Entonces esos señores de batas
blancas corriendo de un lado para otro y la interminable cola en información y
citas te devuelven a la realidad. Nos paramos delante de una de esas
modernísimas máquinas en las cuales metes tu tarjeta sanitaria y te sacan tu
cita. Me pregunto cuánta gente mayor se enfrentaría a uno de sus mayores
dilemas delante de la dichosa máquina. Cuánta gente se sentiría frustrada al no
entender lo que tenía que hacer y cuánta gente necesitaría ayuda e información
y no la obtendría.
Vamos al sitio correcto después
de tantear imperiosos pasillos y después de la primera cita, nos dirigimos a la
cafetería a desayunar. La cafetería, como no podía ser menos, presume de
espacio, modernidad y majestuosidad. Un buffet enorme se presenta delante de
nosotros. Cojo la bandeja y elijo mi desayuno. Sigo preguntándome cómo la gente
mayor, con su bastón en una mano y su bolso en la otra, consigue llevar la
bandeja, pero el proceso de modernización ha empezado su paso autoritario y
firme.
Mientras desayuno pienso en el
hospital que me dejó con la boca abierta, y entonces me acuerdo de unas
promesas que se hicieron y todavía no se han llevado a cabo. Me acuerdo de unas
palabras que decían que en este moderno y maravilloso hospital se implantaría
radioterapia, medicina nuclear y hemodinámica. Entonces también me acuerdo que
las palabras se las suele llevar el viento al igual que una brisa hace volar mi
servilleta derecha hacia el suelo.
¿Por qué estos servicios aún no
están disponibles? ¿Acaso no se dispone de la dotación tecnológica necesaria?
¿Acaso no hay profesionales disponibles? No, creo que por ahí no van los
disparos. La infraestructura que se necesita está implantada, profesionales
disponibles... ¿Qué es lo que hay por el medio? Como siempre, intereses
políticos y económicos. Por desgracia cada vez está más ligada la palabra
sanidad a la política. De hecho, podrían hacer la carrera medicopolítica junta,
porque parece ser que muchos políticos entienden más de medicina que de
derechos sociales, y parece que muchos médicos se tienen que someter a órdenes
políticas absurdas.
Y explico lo de absurdas: ¿Cuánto
cuesta trasladar un enfermo desde el moderno y maravilloso hospital HULA a
Coruña a hacer un catéter, en una ambulancia medicalizada con sus
correspondientes sanitarios? ¿Cuánto cuesta trasladar un enfermo desde el sur
de la provincia de Lugo, recorriendo toda la provincia para recoger a más
enfermos y llevarlos a una sesión de 5 minutos de radioterapia a Coruña?
¿Cuánto cuesta pagarle a alguien que se puede trasladar por sus propios medios?
¿O cuánto cuesta entonces tener a esa persona ingresada todos los días de
tratamiento porque queda demasiado lejos de su casa? Y cambiando de tercio, ¿qué
hacen tantas y tantas camas vacías en el HULA mientras se están concertando
camas con entidades privadas? Y si hiciese falta más dinero, los 5 millones de
euros dedicados a las reformas del auditorio de Lugo, ¿no podrían esperar a
cambio de tener una mejor asistencia sanitaria? Pero sinceramente, no creo que
tenga mucho que ver el dinero destinado al auditorio con la falta de coherencia
para gestionar el HULA. Esto respecto al ámbito económico, ya que parece que es
lo único que interesa.
Ahora si hablamos respecto a la
comodidad de los pacientes: ¿Qué supone para alguien 3 horas y media de camino
o 4 hasta Coruña, hacer su tratamiento, y otras tantas horas de vuelta para
casa? Una persona que recordemos, si hace eso es porque tiene cáncer. ¿Qué
supone a una familia ver que pueden perder a un familiar porque no ha llegado a
tiempo a un tratamiento de hemodinámica en Coruña cuando podían tenerlo en
Lugo? ¿Estoy haciendo demagogia? No, estoy preocupada por lo que se está
perdiendo: dignidad de los pacientes. Cuando los intereses humanos primen por
encima de los económicos o de los políticos, entonces dejaré de hacer mi “demagogia”.
Ya con el café frío del desayuno regreso
de mis pensamientos y salgo de la enorme cafetería del hospital HULA. Agudizando
mi oído escucho quejas de pacientes sobre la nueva UCI. Las camas están
colocadas alrededor de una sala central para las enfermeras, formando una U. Resulta
que la gestión y organización de la zona no podría haber sido peor. Zona mal
iluminada, necesitada constantemente de luz artificial, y en la cual las
enfermeras, de noche, tienen que disponerse en forma también de U con sofás
mirando para los pacientes porque la sala habilitada para ello no les deja ver
apenas a ninguno. Recordemos que en la UCI los enfermos tienen que estar
constantemente vigilados. También es gracioso que sólo hay baño en la sala de los pacientes más graves... Se ve que estaba mejor diseñada la UCI del antiguo
hospital Xeral que la de el faraónico HULA.
Pasando al lado de las escaleras
mecánicas que comunican una planta con otra me acuerdo de una noticia que leí
hace más de un año, poco después de inaugurarse el hospital en la que un hombre
se había precipitado por ellas. Una persona mayor que acudía a una cita
oncológica. Esas escaleras trajeron numerosas polémicas por su mal diseño.
Pero no todo es malo, en el
siguiente enlace veréis un vídeo promocional del hospital donde os pone la cara
buena de su diseño, y su gestión se antoja perfecta. También pongo un enlace
con un artículo que explica toda la obra y la gran "organización" que se lleva a
cabo en él.
Mientras estoy en una sala de
espera también gigante como el resto del edificio, leo la prensa. De nuevo las
páginas se inundan con el juicio sobre el trágico accidente de Santiago y las
nuevas imputaciones a jefes y responsables de Adif. Declaraciones de la Conselleira
de Sanidad recuerdan la buena gestión que se hizo con los enfermos, y presume
de que en poco más de 4 horas estaban todos en los respectivos hospitales. ¿Quién
se va a quejar o a poner en duda la organización llevada a cabo? Pues sí, yo.
Bueno, yo y las decenas de médicos, enfermeros y asistentes que esperaban en el
hospital público Conxo (el más cerca al lugar del accidente) con todo preparado
para la avalancha de enfermos que podían llegar, pero que nunca llegaron. En
cambio muchos heridos (31) fueron trasladados al hospital privado de La
Rosaleda y otros fueron derivados al hospital privado de Pontevedra!! ¿Quién tiene que pagar todas estas facturas de la gente que fue
llevada al hospital privado en vez de al público por un capricho, de nuevo,
político? Sí, todos nosotros. ¿Cuánto habría costado llevarlos al público?
Muchos dirán que Conxo no dispone de servicio de urgencias, y es cierto. Pero sí
dispone de quirófanos y de mucho personal para atender fracturas. De acuerdo
que no se podían derivar enfermos que hubiera que estabilizarlos a vida o
muerte. Pero la mayoría de los heridos eran traumatismos, esguinces y roturas,
perfectamente atendidos en Conxo. ¿Entonces la gestión ha sido perfecta como
presumen o en realidad hay un oscuro velo que nadie quiere desvelar?
Ya decidida a abandonar la
majestuosa obra hospitalaria, pienso en un último deseo: que algún día los
objetivos políticos no estén por encima de los derechos humanos. También recuerdo
una frase de Edward Young que me gustaría impregnar en la mente de cierta gente:
La dignidad comienza donde la jactancia acaba.






